
Trebolarium
No te rindas, no te conformes con ser víctima
Te doy la bienvenida
En esta clase quiero desmontar una idea que todos tenemos muy metida en la cabeza: que un psicópata es únicamente ese asesino en serie que aparece en las películas. La realidad es mucho más compleja. La mayoría de las personas con conductas psicopáticas nunca cometerán un crimen, pero sí pueden hacer muchísimo daño en la vida cotidiana, especialmente en el trabajo, en la familia o en cualquier entorno donde exista una relación de poder o de convivencia.
Lo que realmente caracteriza a una persona con este tipo de conductas no es la violencia física, sino la ausencia de empatía. Son personas que entienden perfectamente qué está bien y qué está mal, pero no sienten el sufrimiento que pueden provocar en los demás. Por eso pueden manipular, mentir o perjudicar a otra persona sin experimentar culpa ni remordimiento.
Uno de los mayores problemas es que no siempre son fáciles de reconocer. Muchas veces resultan simpáticos, agradables e incluso encantadores. Saben interpretar el papel que más les conviene en cada momento y pueden parecer personas completamente normales. Precisamente por eso es tan importante observar cómo tratan a los demás cuando no obtienen ningún beneficio de ellos. Ahí suele aparecer su verdadera forma de actuar.
También hablamos de que estas conductas pueden verse favorecidas o frenadas por el entorno en el que una persona crece. Aunque existan determinados rasgos de personalidad, la educación, los referentes y las experiencias vitales pueden marcar una gran diferencia en cómo se desarrollan.
La parte más importante de la clase es aprender a protegernos. Siempre que podamos, lo más inteligente es alejarnos de este tipo de personas. Cuando eso no es posible, como ocurre muchas veces en el trabajo, conviene mantener cierta distancia emocional, no mostrar nuestras debilidades, evitar entrar en juegos de manipulación y limitar la interacción a lo estrictamente necesario.
Hablamos también de una herramienta sorprendentemente eficaz: el silencio. No responder a las provocaciones, no alimentar el conflicto y mantener el autocontrol suele desactivar a quienes buscan una reacción emocional. Muchas veces, cuando dejan de obtener esa respuesta que esperan, terminan perdiendo el interés.
La idea con la que me gustaría que te quedaras es que no siempre podemos elegir con qué personas nos cruzamos en la vida, pero sí podemos decidir cómo reaccionamos ante ellas. Nuestra paz mental depende mucho más de esa decisión que de las intenciones de quien intenta hacernos daño.
¡Cuentame!